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PARÁBOLAS

He seleccionado unas parábolas, anécdotas y testimonios, publicados en mis libros, los cuales pongo en este apartado. Son cortas todas ellas. Una vez más he seguido el consejo de Gracián: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo”. 
Este género de las parábolas y lo anecdótico es muy usado por algunas culturas. Los orientales no razonan bajo conceptos, sino que narran una historia, una parábola; y la conclusión es clara. Así hablaron Confucio, Buda, Gandy y Jesús. 
 

1. SALVÓ A SU ENEMIGO

 

            Salvando a un niño israelí un palestino se ahoga. Omri Djadah, palestino de 24 años, no dudó en arrojarse al agua al escuchar los gritos de socorro de un niño de 6 años que se encontraba  en peligro en el lago de Tiberiades. Gracias al gesto  del palestino el niño se salvó. Pero su salvador no tuvo la misma fortuna. Sabiendo apenas nadar, tras haber prestado auxilio, sucumbió agotado en las aguas. El salvador se ahogó. El niño judío rescatado de las aguas agradecerá de por vida a su salvador palestino, con el recuerdo conmovido de saberle muerto para que él permaneciera en vida.

 

 

2. DISFRUTAR DE LA VIDA

 

            Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a sus barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado.

            -¿Por qué no has salido a pescar? –le preguntó el hombre emprendedor.

            -Porque ya he pescado bastante por hoy? –respondió el apacible pescador.

            -¿Por qué no pescas más de lo que necesitas?, insistió el industrial.

            -¿Y qué iba a hacer con ello? –preguntó a su vez el pescador.

            -Ganarías más dinero –fue la respuesta –y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca.

            Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo.

            -¿Y que haría entonces? –preguntó de nuevo el pescador.

            -Podrías sentarte y disfrutar dela vida –respondió el hombre emprendedor.

            -¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? –respondió sonriendo el apacible pescador.

                                                L Tolstoi

 

3. LA INCERTIDUMBRE

 

            Un hombre estaba sentado en el comedor de su casa; a su izquierda había un vaso de agua y a su derecha un plato de alimento. Inseguro de si era hambre o sed lo que padecía, dudaba entre tomar la comida o beber el agua. Y  persistiendo la incertidumbre murió sin probar el alimento ni saciar la sed.

 

 

4. NO OFREZCAN  RESISTENCIA

 

            De William Penn se cuenta una anécdota maravillosa. Desde la infancia, William Penn estaba habituado a portar una espada a toda hora, porque en su época, esa arma formaba parte del atuendo de un caballero. Un día, se le ocurrió que llevar la espada era incongruente con sus creencias, pero, por otra parte, sabía que se sentiría muy avergonzado de no llevarla.

            Consultó a George Fox, aunque no dudaba que su líder le diría: “Es algo malo. Debes dejar de usarla.”

            Sin embargo, George Fox no le dio esa respuesta. Fox guardó silencio por un momento, y al cabo dijo: “Lleva tu espada hasta que no puedas llevarla más”.

            Aproximadamente un año después, Penn advirtió que llevar la espada sería más vergonzoso que andar sin ella, y le resultó muy fácil dejar de usarla.

 

 

5. CRISTIANO DE NOMBRE

 

            Durante una de las batallas que libró Alejandro Magno, le comunicaron que un miembro de su tropa se había comportado cobardemente, por lo que ordenó que el soldado fuese traído ante él. Estando frente al general, éste le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? El soldado con cara de vergüenza respondió igual que usted señor: Alejandro. Entonces le dijo el General: o bien cambias tu nombre o cambias tu conducta.

 


6. AMOR DE ESPOSOS

 

            Cuentan que el piadoso Rey Esteban de la antigua Inglaterra fue herido con una flecha envenenada y los médicos dijeron que el único remedio sería que alguien le sorbiera el veneno que el llevaba en las venas, aplicando sus labios a la herida y tragando así la propia muerte.

            Muchos se ofrecieron a morir a cambio de él, pero a nadie se lo toleró el Rey. Dice la leyenda que no pudo escapar a la astucia de su esposa, que aprovechando el sueño del Rey, le sorbió el veneno.

            Cuando el Rey vio a la reina, esposa, muerta delante de él se echó a llorar y dijo: Me amó y murió por mí.

            ¡Hay que ver cuanto me amaba!

 

 

7. LA EXISTENCIA DE DIOS

 

            “Paseaba un día el gran sabio Newton con uno de sus amigos, cuando éste le pidió una prueba de la existencia de Dios. Newton levantó inmediatamente las manos al cielo y exclamó: “¡Mírala!”.

 

 

8. ALEJANDRO Y ARISTOTELES

 

            Preguntáronle en cierta ocasión a Alejandro Magno por qué a su maestro Aristóteles le mostraba, al parecer, más estima y agradecimiento que a su mismo padre, el rey Filipo.

            Alejandro contestó: “Porque Filipo, al darme la vida, me hizo bajar del cielo a la tierra, mientras que Aristóteles, al instruirme, me hace subir de la tierra al cielo”.

 

 

9. ORAR POR LOS HIJOS

 

            Su joven hijo Agustín se extravió cediendo al vicio y cayendo en la herejía. Tras mucho orar y mucho llorar, Mónica logró al fin su conversión. Ya San Ambrosio, su director espiritual, había tratado de consolarla muchas veces diciéndole: “No es posible que perezca un hijo de tantas oraciones y lágrimas”.

 

 

10. LA CRUZ A LA MEDIDA

 

            “Señor”, decía un creyente: “Yo sé que cargar una cruz es parte de la vida de un cristiano pero, la que yo tengo, es demasiado pesada. Si yo pudiera escoger la mía, estoy seguro que escogería una más aparente que la que llevo en la actualidad”.

            Finalmente, el hombre escogió una, la puso sobre sus hombros y dio unos cuantos pasos. “Señor”, le dijo, “esta es la cruz aparente para mí. Ves, no es muy pesada, tiene el tamaño apropiado, ha sido convenientemente preparada y no tiene nudos que me lastimen los hombros. Me gustaría tener esta cruz porque siento que es la más apropiada para mí”.