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Ángel de vida

JSe llamaba ángel y fue un auténtico ángel para sus dos compañeros de escalada. Habían ido a la sierra para lograr la cima de un alto picacho. Sus dos amigos escalaban mientras él, abajo les hacía unas fotos, ya al oscurecer de aquel caluroso día de junio, sufrieron los dos una horrible caída de veinte metros, mortal de necesidad. Él emprendió una carrera veloz a buscar socorro para sus compañeros al puesto de la guardia civil más cercano. Fue tal el esfuerzo y agotamiento del joven Ángel, que a pesar de sus dieciocho años sus pulmones no resistieron y cayó muerto, extenuado al llegar al sitio donde estaban sus dos compañeros, uno muy gravemente accidentado.

El servicio de socorro llegó a tiempo para salvar ambas vidas gracias a la acción rápida del joven Ángel. El entierro fue una enorme manifestación de duelo en Andujar. Su muerte produjo hondísima tristeza pero, en todos estaba la alegría por el gesto heroico, por las dos vidas salvadas, y porque aumentó la confianza en la persona humana y en los jóvenes, capaces de hacer el mayor esfuerzo, dar la vida por los amigos.

Alfonso Francia


“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10) Jesús vino para que lo conocieran, para sanar a los enfermos y a los que sufren, para liberar a los oprimidos por el mal, para resucitar a los muertos. Él amó hasta el final y el Señor de la vida, dio la vida como la mayor prueba de amor (Jn 15,12). 

   Momentos antes de morir, Jesús dio a sus discípulos una lección de amor y servicio lavándoles los pies. “Les he dado este ejemplo, para que también hagan como yo he hecho con ustedes” (Jn 13,15). No les resultó fácil aprender esta lección. 

   El ser humano, sea cual sea su edad, tiene muchas ocasiones en las que puede servir o ayudar en cosas pequeñas o grandes. La familia ofrece estas oportunidades cada día: ayudar a poner la mesa, limpiar la casa, ordenar el cuarto. La sociedad y las parroquias nos ofrecen distintos programas para ayudar a ancianos, enfermos, pobres… 

   Aunque hay mucha gente que no presta atención para dar una respuesta de servicio, sin embargo, gracias a Dios, existen personas que creen en Jesús y quieren ser como Jesús agentes de bien, haciendo lo poco o mucho que está a su alcance. Patrick Horvarth, un graduado de Princeton y de la Escuela de Derecho de Harvard, se sintió llamado a trabajar en la Covenant House, en Nueva York, con adolescentes que habían huido de sus casas o que habían sido abusados. En un discurso ante los graduados de una escuela secundaria les dijo: “Yo aprendí a escuchar la voz de Dios en mi interior y escuché que me hablaba de mi deseo de dedicar mi vida a los pobres, no porque yo tuviera que hacerlo o porque yo debiera para poder ser santo o justo o piadoso, sino porque en esa dedicación y encontraré la alegría de Dios y la paz de Dios”.

Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/