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Los tesoros estan dentro
Había una vez, en un
lugar y en un tiempo que podría ser cualquiera, un hermoso jardín, con manzanos,
naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo
era alegría en el jardín, excepto un árbol, que estaba profundamente triste. El
pobre tenía un problema: no sabía quién era. Todos los árboles querían que fuera
como ellos. El pobre árbol, desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, pero
como no lograba ser como los demás se sentía cada vez más frustrado. Un día
llegó hasta el jardín el búho y al ver la desesperación del árbol, exclamó: No
dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo, conócete, y
para lograrlo, escucha tu voz interior. Y el árbol al escucharse escuchó la
verdad: Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a
las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje. Tienes una misión,
cúmplela. Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser
todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto fue admirado y respetado
por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
Escuchar
la expresión “eres linda” era para Carmen algo rutinario, pero aquel día le
encontró un sentido diferente, alguien que nunca le ha visto, porque era
invidente, sino que sólo ha escuchado su voz y sentido sus manos le había dicho
“tú sí eres linda”. Esas palabras la sorprendieron y fue como un despertar.
“¿Cómo sabe este hombre que soy linda si no me ha visto, decía Carmen?” Y su
sorpresa fue mayor cuando escuchó “eres linda porque siempre estás igual”. Ser
linda hasta ese momento lo entendía como todo lo exterior, esas cosas que nos
hacen exclamar ¡qué hermoso, qué lindo! Como la belleza física de una persona,
el mar, las montañas, las flores... pero aquel hombre había sido capaz de
decirle que hay algo más, que la belleza no es sólo eso, sino lo que se lleva
dentro y se expresa.
Una
frase que parecía ser simple y vieja resultó ser un
rayo de luz; aquel hombre hizo comprender a Carmen que hay una belleza interior
que sólo se percibe con el corazón.
“Siempre estás igual”,
escuchar esto fue un flechazo que llegó al alma de aquella mujer. “¿Será cierto
que siempre estoy igual?”, se repetía la buena señora. No, no era cierto. Carmen
tenía sus malos momentos, como todo mortal. Lo que ocurría es que ella lo
disimulaba muy bien, pues no quería contagiar a los demás con sus problemas, con
sus subidas y bajadas. No tenía por costumbre encerrarse en su mundo, sabía
animarse mirando a los otros, a los ancianos, a los enfermos, a los pobres.
Aquel día fue de alegría para Carmen. Gracias a su viejito lindo comprendió que
también las personas
que no tienen luz en los ojos observan cada
movimiento, cada expresión, cada palabra y califican el grado de entrega, de
amor por el trabajo. Hubo un tiempo en que lo que ahora alguien llamaba lindo,
era
horroroso y le dolía en el alma y se reprochaba por la
forma cómo actuaba. En un principio, cuando empezó a trabajar como directora en
aquella Residencia u Hogar, sentía
miedo, se sentía perdida. Cada vez que escuchaba
decir “la jefa dijo, la jefa manda”, se sentía mal, se ponía de mal humor, y
a veces, sin darse cuenta respondía en un tono fuera
de lo normal.
Carmen tenía una gran fuerza dentro de ella que le ayudó a cambiar: Dios. Sabía
que el amor de Dios es grande y estaba segura de ello, lo sentía dentro de ella,
era la fuerza que la sostenía y ayudaba a superar todas las dificultades del
día, a seguir amando y sirviendo a todos los viejitos abandonados por su familia
y despreciados por la sociedad, pero para su corazón y sus ojos, son los seres
más lindos de la tierra.
Carmen, gracias a la mirada de los otros y a la de su interior, pudo descubrir
la gran belleza que había dentro de todo su ser y la de los demás seres humanos,
por muy arrugados y achacosos que estuvieran.
La felicidad, la fuerza, el poder, los tesoros están dentro
de cada unos de nosotros. Quien lo descubre, se
maravilla de lo que puede hacer. Hay personas que tardan en descubrir su
identidad y su misión, pero en un momento se les abren los ojos y pueden ver.
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