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Remedios para la melancolía


 Se cuenta en la vida de San Ignacio que el médico le aconsejó al santo “evitar cualquier cosa que le causase melancolía”. Hablando San Ignacio días después con Gonsalves Cámara le diría: “Yo he pensado en qué cosa me podría dar melancolía y no hallé cosa ninguna sino que el Papa deshiciera la Compañía del todo. Y, aún con esto, yo pienso que si un cuarto de hora me recogiese en oración, quedaría tan alegre como antes”.


La melancolía es una tristeza profunda, nacida de causas físicas o morales, que roba la alegría y quita el gusto por la vida a quien la padece. Más, ¿cómo combatirla?.

Yo apuntaría tres remedios al alcance de cualquier persona:

a) No darla entrada, ni dejar que ande rondando por mucho tiempo, pues cuando se apodera de la persona, aunque sea por unos momentos, restará grandes energías para la lucha diaria. “Tú no puedes impedir a las aves de la melancolía que vuelen sobre tu cabeza, pero sí que hagan sus nidos en tus cabellos (Proverbio Chino)
b) Salir de sí mismo, del egoísmo que sólo es capaz de acortar la vista y hace miope para ver los dolores y problemas de los otros. Cuando se aligera el peso de la carga, se vendan heridas y se consuela al hermano triste o solitario, brotará en un abrir de ojos la paz, alegría y gozo en el corazón que comparte. “Si dos van juntos y uno sólo lleva paraguas, hay que compartir la alegría y el buen humor de mojarse” (Chesterton). Nadie puede estar triste mientras se decida a aliviar y quitar el dolor de sus semejantes.

c) Sumergirse en Dios, poner los ojos en Él. “Dios escribe derecho con líneas torcidas”, reza un viejo proverbio. “Sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan al bien” (Rom 8,28). Quien cree en que Él es la fuente y la causa de la alegría, se le abrirán los ojos para ver la bondad y alegría de Dios en todo lo creado.

San Ignacio pudo analizar la causa de una posible melancolía; pero también supo encontrar el remedio. Cualquier ser humano tiene muchas razones para estar triste; pero el que no da entrada a la melancolía, abre su corazón a los otros y confía en Dios, notará cómo le brotan alas de esperanza para vivir y ser testigo de la alegría.


Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/