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                Lo principal es amar

Wild Bill era abogado en Varsovia y vivía con su mujer y sus cinco hijos en el ghetto judío. Un día los soldados alemanes llegaron a su barrio, alinearon a todos contra un muro (excepto al abogado, porque hablaba alemán) y los ametrallaron sin piedad. Un día, en torno a unas tazas de té, cuando Ritchie hablaba de la dificultad que podían sentir los exprisioneros para perdonar a sus verdugos nazis, Wild Bill contó su admirable historia. Dijo: “Tuve que decidir si iba a permitirme odiar a los soldados que habían hecho aquello. De hecho, fue una decisión fácil. Yo era abogado. En mi profesión había visto con demasiada frecuencia lo que el odio puede hacer en los espíritus y en los cuerpos de la gente. El odio acababa de matar a las seis personas que eran para mí los seres más preciosos del mundo. Decidí en aquel momento dedicar el resto de mi vida –fueran pocos días o muchos años– a amar a cada una de las personas con las que entrase en contacto”.
Amar incondicionalmente debe ser la meta de todo cristiano. Como escribió Saint Exupéry, “amamos porque amamos. Amar no necesita justificación”.
El bien que hacemos vuelve multiplicado a nosotros. “Las buenas acciones tendrán como paga un bien diez veces mayor”, afirma el Corán.
Ya Isaías apuntaba cuál era el ayuno que agrada a Dios: “El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte al que es tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora...” (Is 58,6-8).
La regla de oro que preconiza el Antiguo testamento es: “Todo lo que queráis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos, porque eso resume toda la Ley y los Profetas” (Mt 7,12). El brahamanismo repetirá la misma idea: “No hagas a los demás lo que a ti te dañaría”. En el taoísmo se encuentra este consejo: “Sábete que tu vecino gana lo que tú ganes y pierde lo que tú pierdas”. El sentido común nos dice que debemos pensar, hablar y actuar con los otros como nos gustaría que ellos hiciesen con nosotros.
El amor es lo que es… Constituye la dimensión más profunda. No se puede crear. Es el elemento fundamental existente detrás de todo cuanto existe… El amor es simultáneamente el comienzo y el fin. El amor permanece y sigue siendo la fuente de donde todo procede y la meta hacia la que todo se dirige. Es la esencia elemental del universo. El mero hecho de encontrarlo induce en tu persona una transformación inevitable, ya que el amor está constantemente cambiándolo todo.
El amor es lo más importante. El camino del amor es el camino supremo, como subrayaba Dostoievski: “Un día, una hora, todo podría arreglarse inmediatamente”. Lo principal es amar.
“Toma una sonrisa, regálala a quien nunca la ha tenido. Toma un rayo de sol, hazlo volar allá donde reina la noche. Descubre una fuente, haz bañar a quien vive en el barro. Toma una lágrima, ponla en el rostro de quien nunca ha llorado. Toma la valentía, ponla en el ánimo de quien no sabe luchar. Descubre la vida, nárrala a quien no sabe entenderla. Toma la esperanza y vive en su luz. Toma la bondad y dónala a quien no sabe ser generoso. Descubre el amor y hazlo conocer al mundo” (M. Gandhi).