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Saber elegir

Los hindúes tienen un bello símbolo del discernimiento: el cisne.

En la mitología india, el cisne legendario tenía la habilidad de separar con su pico el agua de la leche, de manera que, si le ofrecían leche mezclada con agua, bebía sólo la leche y dejaba el agua. Por eso en sánscrito el arte del discernimiento se llama “la ciencia del agua y la leche”, y el cisne blanco, desprendido y mayestático sobre las aguas tranquilas del lago, es su símbolo y su modelo. De ahí que el alma misma se llame “el cisne” (hans), y el asceta religioso de la clase más elevada se llame “cisne supremo” (param-hans).

Carlos G. Vallés

La oración es el respiro del alma, es un tiempo de gracia en el que al reconocer al Señor más cercano, se llena el alma de vida, enraizando cada vez más el corazón en Él. Dice un proverbio chino: “hunde bien la raíz en la tierra y la planta crecerá pujante de vida”. Yo añado: hunde bien la raíz en el cielo y encontrarás la vida en la tierra.

Jesús pasó haciendo el bien sobre la tierra porque el Espíritu estaba muy dentro de Él. Movido por el Espíritu oró día y noche al Padre. El mismo les enseñó a los discípulos que para convertir la vida en oración, es necesario haber descubierto primero por la fe al Dios de la vida.

La oración, para que no se convierta en huida, tiene que llevar al compromiso con el otro: “tuve hambre y me dieron de comer” (Mt 25,31). “Defendió la causa del humillado y del pobre, e iba bien. ¿No es eso conocerme?, dice el Señor” (Jer 22,16). Reconocer al Señor en el prójimo y auxiliarlo, es la religión verdadera. “Si estás en éxtasis y tu hermano necesita ayuda, deja tu éxtasis y vete a prestar ayuda al hermano. El Dios que dejas es menos seguro que el Dios que encuentras” (J. Ruysbroeck).

La oración nos ayuda a discernir lo que podemos hacer en cada momento, a poder descubrir a Dios, a poder elegir la vida y dejar la muerte.

Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/