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La fuerza del amor

Se cuenta que Napoleón Bonaparte, el gran genio militar, recordando los años de sus conquistas, hizo esta observación: Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos construido grandes imperios. Pero, ¿de qué pendían? De la fuerza.

Pues bien: Hace siglos Jesús inauguró un imperio construido sobre el amor, y, todavía hoy, millones de hombres quieren morir por Él.


Jesús creyó en el amor y en la fuerza que tienen los que aman. Del amor habló con naturalidad y con amor entregó su propia vida. Él murió por todos, quiso construir su reino basado en el amor, no en las armas. A los discípulos les dijo cómo poder hacerlo: “Ámense los unos a los otros como yo les he amado. Esta es la única ley y es la señal de distinción del cristiano” (Jn 13, 34-35). Es el amor el que regula la ley, “ama y haz lo que quieras” (San Agustín). Las leyes que emanan del amor no resultan pesadas, porque brotan “del interior”. Y es este amor el que cambia y transforma, al que ama y es amado.

El amor lleva consigo aceptar al otro, amarlo de verdad, sea de la nación y raza que sea y a perdonar al que nos ha hecho mal. Una antigua esclava negra nos explica cómo era su amor: “No sé el nombre del hombre que me pegaba con látigo…creo y pienso verdaderamente que si uno de aquellos que me trataban como basura cuando era esclava, que si uno viniese a llamar a mi puerta, porque tuviese hambre, yo le daría de comer. Dios sabe que no hay odio en mi corazón contra nadie”.

Para muchos, Jesús ha sido el que ha aportado a esta humanidad una manera de vivir. Gandhi se inspiró en Él para su doctrina de la no violencia. Martin Luther King encontró la fuerza de amar. Miles de personas han acogido su mensaje, y se proponen seguir el mismo camino que recorrió el Maestro, construyendo un reino de verdad, de justicia y de amor. Todavía hoy, hay “millones de personas que quieren morir por Él”.

Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/