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De corazón agradecido

En Brasil una comisión de científicos se acercó a dos indios de una tribu recién “descubierta” (gracias a las nuevas carreteras).

Entre otras cosas les preguntaron:

“¿Le rezan ustedes a Dios?”.
“Sin duda, le rezamos a Dios”.
“¿Y qué le piden a Dios?”
“¿Qué le vamos a pedir, si Dios nos da todo?”
“Entonces “para qué le rezan a Dios?”
“Le rezamos a Dios para agradecerle precisamente todo lo que Él nos da”.

R. Lombardi

La Virgen María fue un alma orante, de corazón agradecido. Un oído lo tenía en el Creador y otro en la gente de su pueblo.

Vivía pendiente de Dios y del prójimo.

María respondió a la llamada del Señor ayudando con su fidelidad al plan de salvación para la humanidad. Como alma orante fue agradecida y generosa; así lo expresó en el cántico de gratitud: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí” (Lc 1. 49). No sólo oía la Palabra de Dios, sino que vivía de ella, en total disposición a Él: “Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho” (Lc 1, 38). Con un sí llegó a ser la Madre de Dios y Madre nuestra. Y por creer y fiarse del Señor, fue feliz, ya que Dios reinaba en su corazón.

Quien tiene los ojos clavados en el cielo, necesita mirar también a la tierra. María, no sólo escuchó y se comprometió con Dios, sino que supo prestar atención y comprometerse con las necesidades de los demás. La visita a su prima Santa Isabel (Lc 1.39), la boda Caná (Jn 2,1), fueron ejemplos muy concretos de cómo Dios y los otros habían entrado profundamente en su corazón. En su sangre corría mucha fe y mucho amor; los sin esperanza tenían puestos los ojos en los de María.

Ser agradecidos es de personas grandes. “La gratitud no es sólo la más grande de las virtudes, sino que engendra todas las demás” (Cicerón). Efectivamente, la persona agradecida es alegre, positiva, pacífica, paciente…rebosa gozo y esperanza.

Hay que orar agradeciéndole a Dios todo lo que nos ha dado, cantando la grandeza del Creador, desde nuestra pequeñez. De un corazón “pobre y humilde” como el de la Virgen, brotan la apertura y disponibilidad. En su mente, brazos y corazón tenían cabida el cielo y la tierra. Y porque fue libre para decir sí, amar y servir, supo cantar las grandezas y maravillas que el Todopoderoso había hecho con ella y con su pueblo.

Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/