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Dios es madre

 El alma…ordinariamente la va Dios criando en espíritu y regalando al modo que la amorosa madre hace al niño tierno, al cual al calor de sus pechos le calienta, y con leche sabrosa y manjar blando y dulce lo cría y en sus brazos le trae y regala. Pero, a la medida que va creciendo, le va la madre quitando el regalo y, escondiendo el tierno amor, pónele amargo acíbar en el dulce pecho y, abajándole de los brazos, le hace andar por su pie, para que perdiendo las propiedades de niño, se dé a cosas más grandes y sustanciales.

San Juan de la Cruz


Estamos acostumbrados a llamar a Dios padre. Pocas veces hablamos del rostro materno de Dios. San Juan de la Cruz compara a Dios como a una madre. Es muy fácil para nuestra cultura comprender esta imagen, porque la madre ocupa un lugar muy importante dentro de nuestra vida.

Dios es como una madre cariñosa y tierna que se preocupa en alimentar al hijo y sabe qué alimento le conviene. Como buena madre proporciona leche sabrosa y manjar blando, el calor de sus pechos y el regalo de sus brazos. Para el crecimiento de un niño, tan importante es el alimento como el cariño que recibe.

Dios está empleado en regalar y acariciar al ser humano como la madre en servir y regalar a su bebé. Él está “presto a consolar al alma y satisfacerla en sus necesidades y penas”. Su consuelo y ternura es inmensamente superior a los consuelos y ternuras que prodigan las madres a sus hijos. Su amor es tan verdadero, que no hay amor “ de madre que con tanta ternura acaricie a sus hijos, ni amor de hermano, ni amistad de amigo que se le compare”.

Mas Dios, como buen pedagogo, no quiere que el creyente siga siendo un eterno niño. Para que pueda crecer y caminar por su pie, le quita los regalos. Con gran afecto, priva suavemente de las cosas y premia con otras mejores para que el ser humano se aficione a las cosas de Dios. Así, acomodándose a cada uno, va destetando y quitando los regalos de la mano, poniéndoles en otras cosas de más valor. Todo lo hace ordenada y suavemente al modo de la misma persona.

A pesar del cuidado y amor que pone la madre en quitar el pecho al hijo, muchas veces no le queda otra salida si no la de poner amargo acíbar. Es entonces cuando el niño llora y patea, no queriendo saber nada de alimentos sólidos, Es difícil, también para los que desean crecer espiritualmente aceptar los planes de Dios, cuando Él sabiamente va desmontando todos los regalos, para que sólo quede el amor verdadero.

Para ver el Blog del P. Eusebio: http://lafuentequemana.blogspot.com/