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ANÉCDOTAS Y
TESTIMONIOS
RECOGIDAS Y REDACTADAS POR Fr. Eusebio Gómez
Navarro, OCD
82. El
buen carácter
Una vez le preguntaron al banquero J. P. Morgan qué consideraba que era la
mejor garantía de un préstamo. Sin vacilar contestó: “el carácter”. William
Lake se expresa así: “Una de las lecciones más importantes de la experiencia
es que todo el éxito depende más del carácter que de la inteligencia o la
fortuna”.
Hace un poco más de veinticinco años, cuando se organizó el equipo de los
Dallas Cowboys, los organizadores hicieron algo fuera de lo común. En lugar
de visitar a otros equipos famosos de fútbol para averiguar cómo se hacían
las cosas, acudieron a las juntas directivas de General Motors, IBM, Xerox y
otras grandes compañías, y preguntaron a los jefes ejecutivos qué buscaban
ellos en sus dirigente.
Sin excepción, las personas más notables y sobresalientes del país dijeron
que buscaban carácter, integridad del individuo.
83. Tan
bueno como grande
Alexis de Tocqueville viajó por los Estados Unidos, y al terminar su
recorrido hizo esta observación:
“He recorrido los Estados Unidos y he visto la mayor parte de lo que ustedes
tienen que ofrecer: la abundancia de sus campos y la riqueza de sus minas,
el poderío industrial, la belleza de sus ríos y lagos, la grandeza de las
montañas. He observado la exuberancia de los bosques y el clima maravilloso
con que han sido bendecidos.
En ninguna de estas cosas vi la causa de la grandeza de los Estados Unidos.
Sólo cuando entré a sus iglesias vi la razón de esa grandeza. Este país es
grande porque es bueno; y mientras sea bueno, será grande. Si algún día deja
de ser bueno, dejará de ser grande”.
84. Los
problemas fortalecen el espíritu
Charles F. Kettering era un hombre sabio y un inventor genial, especialmente
en lo referente a los automóviles. “No puedo hacer nada sin problemas
–declaró enfáticamente–; los problemas han fortalecido mi mente. De hecho,
les he dicho a mis colaboradores que no me traigan sus éxitos porque me
debilitan, sino que me traigan sus problemas que me fortalecen”.
85. Quiero
que se diga...
Luther King fue un gran líder que dio la vida por sus ideales de hermandad y
justicia. Él dejó unas palabras para el día de su funeral: “Yo quiero que en
mi funeral se diga que siempre traté de servir a los demás. Que se diga que
Martín Luther King trató de amar a todas las personas. Quiero que se diga
que durante mi vida busqué alimentar al hambriento y vestir al desnudo.
Quiero que en ese día se diga que traté de visitar a los que estaban en
prisión y que traté de amar y servir a la humanidad”.
86. Bromeaba al morir
Enrique VIII condenó a muerte a santo Tomás Moro, quien decidió ir al
suplicio con su barba. En el momento de la ejecución le dijo al verdugo:
“Por favor, déjame que pase la barba por encima del tajo, no sea que también
la cortes”.
87. Por ella estoy vivo
Cada día, por encima del muro alto y duro, aparecía el rostro sonriente de
una mujer. El hombre estaba allí, esperando recibir aquella sonrisa, el pan
de su fuerza y de su esperanza… También él sonreía. Luego, aquel rostro
desaparecía tras el muro de separación. Y entonces él volvía a prolongar su
espera hasta el día siguiente.
Cuando un misionero lo sorprendió, le dijo: “Antes de que me trajeran aquí,
ella me cuidaba a ocultas, con todo lo que podía encontrar. Cierto día, un
hechicero le había dado una pomada y ella me untaba toda la cara cada día,
toda la cara menos un rincón, un trocito pequeño, lo justo para poder
besarme allí. Pero fue inútil. Entonces me trajeron acá. Ella me ha
seguido. Pero cada día vuelvo a verla, y así sé por ella que estoy vivo”.
88. Mi vida por la tuya
El gran torero Luis Miguel Dominguín no creía en Dios, pero era muy amigo
del creyente Juan Antonio Nájera. Éste se encontraba enfermo.
Juan Antonio le ruega a Luis Miguel que rece todas las noches el Avemaría,
cosa que promete hacer Dominguín. Y éste, impresionado, le dice: “Juan
Antonio, dile a tu Dios que yo le ofrezco mi vida por la tuya, y que ese es
el primer favor que le pido”.
89. Gracias
por mi madre
Luis IX, rey de Francia, siempre había encontrado en su madre a su más sabia
y mejor consejera. Al enterarse de la muerte de su madre, el rey se
arrodilló delante de sus soldados y, con lágrimas en los ojos, elevó al
cielo esta plegaria:
“Gracias te doy, Señor, por la madre que me regalaste. Ella me formó y me
educó. Págale según tu infinita misericordia cuanto por mí hizo, ahora que
te la has llevado… ¡Gloria a tu nombre! ¡Bendito seas por los siglos!”.
90. La debilidad de los enemigos
Una vez le preguntaron a Lenin qué había sido lo que más le ayudó a
triunfar en Rusia. Su respuesta fue:
“La debilidad de nuestros enemigos”. Luego continuó: “Si hubiese habido un
grupo de tan sólo unos cuantos miles de hombres que supieran lo que
realmente querían, nunca habríamos logrado el poder en Rusia”.
91. Que todos los buenos se hagan simpáticos
Una niña dedicó una noche más tiempo que de costumbre a sus oraciones. Al
preguntarle su mamá el motivo, le respondió: “Estaba pidiendo que todos los
malos se hagan buenos y que todos los buenos
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